Estamos en tiempos de profundos cambios para toda la
humanidad. Más que eso, estamos comprometidos en un tiempo de cambio para
nosotros mismos, la Tierra
y todo el universo al que pertenecemos. Eso implica una gran purificación en la
que todo aquello que vibra por debajo de ciertos valores debe ser dejado atrás
para que podamos ingresar a una etapa evolutiva.
No se trata de presentarnos ante un juzgado que decide
quién asciende y quién no a una nueva era de Luz, de Amor y de integración
consciente con el Todo, a un nuevo paraíso, en fin. Se trata simplemente de que
aquello que no tiene una energía afín a lo que se nos está presentando no puede
ascender, de la misma manera que un globo inflado con aire se queda en tierra y
en cambio asciende uno inflado con hidrógeno u otro gas liviano. Es un proceso
natural. Hay que dejar ir el lastre, hay que dejar ir aquello que en nosotros
obstaculice el ascenso, que nos vuelva más “densos”. Y para ello tenemos una
gran ayuda, tan grande e importante como nunca tuvimos. Multitudes de seres
espirituales (o de otras dimensiones) se encuentran trabajando con nosotros,
ayudándonos en esta tarea, y enormes cantidades de energías evolutivas llegan
permanentemente desde el cosmos para desalojar las energías oscuras de la Tierra y de cada uno de
nosotros.
Pero el proceso de la ascensión requiere de nuestra
voluntad, perseverancia y de una firme decisión. No es tan fácil dejar ir
aquello que en múltiples vidas ha ido moldeando nuestra mente y nuestras
emociones, nuestro cuerpo y todo lo que creemos ser en esta tercera dimensión. Y
a eso debemos sumar el grave inconveniente de buscar la ascensión en un mundo
gobernado por fuerzas oscuras que tienen a su disposición casi todos los medios
informativos y todos los estamentos en los que confiamos nuestra formación y la
de nuestros hijos.
A través de esa educación o formación que recibimos de
nuestros padres, de la escuela, de la iglesia (cualquiera de ellas), de los
medios de comunicación (televisión, diarios, radios, cine, etc.) y de las
heridas emocionales que traemos de nuestras experiencias anteriores a esta
encarnación, hemos llegado a creer que somos seres desvalidos, que necesitamos
que alguien nos “salve”, que somos imperfectos y, en fin, que la ascensión es
algo fuera de nuestro alcance. Hemos llegado a creer que no la merecemos.
Y entonces dejamos de trabajar para ascender ¿para
qué, si de todas maneras es algo que se me presenta tan lejano a mí? Y así nos
dejamos envolver por la rutina de la vida diaria sin darnos cuenta que de que
este período de cambios por el que estamos pasando es una oportunidad que no se
nos va a presentar nuevamente en muchos miles de años. Sin darnos cuenta de
que, si hemos encarnado en este momento de la historia de la humanidad, es
porque sí somos merecedores de la nueva vida que se despliega delante nuestro,
que podemos hacerlo y que, además, podemos ayudar a los demás a lograrlo.
Y ahora se nos presenta la pregunta: ¿Cómo dejar ir
aquello que sé que constituye un obstáculo para mi evolución pero que tengo tan
firme en mi conducta, mis emociones y mis pensamientos que sin darme cuenta
recaigo permanentemente en lo mismo?
La respuesta está implícita en la pregunta: “dejar ir” significa que no debemos luchar contra aquello que
sabemos nos hace mal. Cuando luchas contra algo, dentro o fuera de ti, estás
poniendo toda tu atención en ese asunto y donde pones tu atención estás
poniendo tu energía, y esa energía que estás poniendo para luchar sólo lo hace
más fuerte, más dominante, más difícil.
En este proceso de transformación nada es violento y
nada cambia de la noche a la mañana. Es la Luz la que disipa las tinieblas. Sin
lucha, por su misma presencia, la Luz desplaza a la oscuridad.
Aplicado a nuestra tarea evolutiva, te puedo decir que
la respuesta a la pregunta acerca del “dejar ir” es la siguiente: Tenemos
muchas herramientas para la evolución, para la ascensión. Tenemos la meditación,
la oración, técnicas de visualización, contemplación, mantras, etc. Usa alguna
de esas herramientas y trae Luz a tu Ser, a tu hogar, a tu trabajo… Usa las
herramientas que tienes y no te preocupes por tus defectos: “la Luz disipa la
oscuridad” también dentro tuyo. No le des energía a aquello que no quieres y
atrae Luz, y lo que te preocupa va a tener cada vez menos presencia hasta
desaparecer.
Hasta pronto.
Alejandro

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