miércoles, 13 de febrero de 2013

Mi gata

Con mi señora tenemos una gatita que he llamado Diana, ya que sus actitudes me recuerdan a "Diana, la cazadora". Es un animalito muy dulce y cariñoso que, cuando fue abandonado en mitad de la calle por los ocupantes de una camioneta lujosa, cabía perfectamente en la palma de mi mano.

La pobre gatita se encontraba paralizada de miedo por haber sido expulsada de su mundo, por haber perdido a sus dioses, aquellos que le daban seguridad, alimento, techo y un motivo para vivir. En ese momento, la alcé y la puse sobre mi corazón, acariciándola suavemente, y rápidamente se fue calmando. La llevé a casa y desde entonces es una gatita feliz, muy inquieta y juguetona, llena de amor por nosotros -mi señora y yo- aunque algo tímida con la gente que no conoce, aunque hay personas con las que se siente segura desde un principio (dicen que los gatos captan la vibración de las personas)

Este pequeño relato tiene su motivo, y es éste:

Como todos aquellos que tenemos en animal doméstico, sé perfectamente y lo compruebo a diario, que es imposible olvidarse de proporcionarles agua o comida sin ser perseguidos sin tregua y sin pausa hasta que subsanemos el olvido, y también sabemos que ese acoso es realizado con extrema dulzura, con insistencia pero sin un ápice de violencia. Sabemos que nuestro animal sabe perfectamente que es profundamente amado y que nunca nada le va a faltar. Sabemos que él sabe que sus dioses lo aman y lo cuidan.

Y aquí está en pequeño mensaje que quiero transmitir el día de hoy: Para nuestros animalitos domésticos nosotros somos sus dioses, y ellos pagan nuestros cuidados y nuestro amor con su propio amor, el que nos muestran permanentemente. 


Y esa es la forma natural y correcta de establecer relación con nuestros propios dioses. Nuestros animales domésticos no se cuestionan nunca si son merecedores de nuestro amor y nuestro cuidado, lo asumen como un hecho natural, como una verdad que no admite duda alguna. Nosotros somos los que olvidamos que somos amados y que nunca nada nos va a faltar, que el Dios que mora dentro y fuera de nosotros es nuestro sustento permanente y que sólo debemos reconocernos sus hijos bien amados para ser elevados a sus brazos y puestos sobre su propio corazón. Lo que se da se recibe. Ama y serás amado.


Hasta la próxima. Alejandro 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario