Cuando finalmente llegamos a un espacio donde simplemente estamos felices y agradecidos por lo que tenemos, sabremos que hemos llegado. Todos los deseos, tratar de crear, tratar de preservar y tratar de llegar a alguna parte, son simplemente el camino que emprendemos para conseguir este espacio superior de rendirnos y dejar ir… que es precisamente donde necesitamos estar… en gratitud, asombro y alegría por todo. Y es cuando finalmente conseguimos todo lo que siempre deseamos, sólo que encontramos que realmente no necesitamos esas cosas que pensábamos que debíamos tener. Cuando finalmente llegamos a este espacio increíble, parece que somos capaces entonces, de estar felices, alegres y llenos de amor donde quiera que nos encontremos. Entonces habremos completado el círculo.
La lucha, entonces, crea un espacio de dejar ir (básicamente a través del agotamiento). Y dejar ir y rendirse, crea el espacio de la realidad de los reinos superiores, donde la Fuente puede entrar mucho más fácilmente entonces. ¿Necesitamos no desear nada otra vez? ¡Absolutamente no! Sólo necesitamos saber que podemos ser felices justo donde estamos, sin importar donde pueda ser ese lugar. Y aceptar dónde estamos y cómo son las cosas en el mundo o a nuestro alrededor, nos da la fuerza a través del conocimiento de que todo está siempre en el orden divino y perfecto. Y a través de esta aceptación, podemos recibir todo lo que siempre hemos deseado. Si así lo elegimos, podemos llegar a este espacio a través de evadir la larga jornada de lucha, una jornada que eventualmente culmina en el mismo lugar donde comenzó Entonces podemos alinearnos, de esta simple forma:
Cuando nos alineamos con las cosas sencillas de la vida, las que siempre están disponibles y presentes, nos colocamos automáticamente en alineación.
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